Una Fresa Transformada
¡Hola! ¡Hola!
No se ustedes pero mi mente puede agarrar un tema y no soltarlo… rumearlo sin parar… y cuando digo todo el tiempo, es todo el tiempo.
A partir del día que Jose me dijo que era gay ¿En qué creen que pensaba todo el día? Claro, a todas horas lo único en lo que podía pensar era en eso… Jose es gay… Jose es gay… Jose es gay…
En ese momento mi esposo estaba viviendo en Argentina, en Buenos Aires por 1 año. Y créanme que Jose no es gay porque mi esposo estaba fuera, porque siempre ha sido un papá súper presente. No tienes que estar cerca para estar lejos, ni lejos para poder estar cerca.
Todas esas ideas de que un hijo o una hija se vuelven gays porque la mamá es muy dura, el papá muy suave, el papá no está presente, la mamá es débil… las escuchas, te las cuestionas, las analizas y al final te das cuenta de que es lo que es y simplemente se descubren. Ya entraremos en el tema de “se hacen”. “nacen”, o se “descubren”, porque eso da para mucho de qué hablar.
Y como les he dicho, no intento convencer a nadie de nada sino de compartir mi experiencia nada más y acompañar a quien lo necesite como yo lo he necesitado.
Mi esposo venía de visita y nosotros íbamos a verlo. Ahora tocaba el verano en Estado Unidos pero un invierno en Buenos Aires. Un mes entero en Puerto Madero en un departamento lindo, muy bien ubicado cerca del centro, donde estaba la oficina de mi esposo.
Llegamos allá, con la noticia bien fresquita, justo una semana después. Así que ya sabrán lo que pasaba por mi mente tooooodo el puto día. ¡Que tortura!
Yo positiva y pata de perro como soy, llegue a Argentina con Jose y con Jime, con ganas de pasarla bien y de disfrutar del mes juntos en esta ciudad maravillosa.
Ahí les va mi rutina… mi esposo y yo nos levantábamos y nos íbamos caminando a su oficina. A una cuadra descubrí una cafetería que se llamaba La Juana y se volvió mi refugio.
Yo llegaba, ordenaba un café, un jugo de naranja recién exprimido y unas medias lunas deliciosas, me sentaba en la mesa de la esquina a un lado de la ventana y sacaba mi libreta donde escribía sin parar.
No me pregunten que escribía porque no me acuerdo pero ¿Qué creen que no dejaba de repetirme? Claro, Jose es gay… y lloraba y lloraba… y dos horas después que eran ya las 10 de la mañana, me regresaba caminando al departamento donde los chavos estaban apenas abriendo el ojo.
Y ahora sí “empezaba” nuestro día. Nos íbamos a caminar y conocer la ciudad, paseábamos, comíamos por ahí, entrábamos a tiendas, librerías y museos. En la tarde regresamos al departamento y cenábamos juntos, según yo muy normal.
Yo sentía que lo estábamos haciendo muy bien. Cuando de repente mi hija dice en una de esas cenas: ¿Ma cuando vamos a volver a ser normales? Esto está muy tenso, como que no es igual. Ya se imaginarán mi cara… y aunque “tratábamos” de que todo fuera igual… no se sentía igual, Jime tenía razón.
Y si quieren que sea sincera, eso llevó un tiempo, no fue cosa de 2 días. Por más que lo intentas, simplemente es inevitable tener constantemente el pensamiento rumiante, ese que te atrapa y no se va…
Por suerte, la vida te pone personas maravillosas en el camino… y un día hablando con un amigo de mi hermano le conté este pensamiento que no me dejaba en paz, que me acompañaba desde que me levantaba hasta que me acostaba… y me dijo… Marisol, Jose es Jose.
Tremenda verdad, Jose es Jose… Jose es Jose… Jose es Jose…
Nuestra percepción ante la vida y las cosas que nos pasan en la vida dependen de nosotros y esta frase me ayudaba a tener un cambio de perspectiva… ahora en lugar de pensar… Jose es gay, pensaba Jose es Jose.
Y en lugar de generarme incertidumbre y agobio, me generaba tranquilidad y certeza de que Jose es simplemente Jose, mi niño adorado, el de siempre.
En Argentina la pasamos felices, comimos delicioso y paseamos por Buenos Aires, Mendoza, Salto, y conocimos hasta Colonia en Uruguay. Ese mes lo recordaremos siempre porque fue el primer mes de intentar acomodar y procesar la noticia, el pensamiento rumiante ahí siguió por un buen tiempo, el sentimiento de que algo estaba raro ahí siguió también… recuerden que es un proceso…
No me acuerdo cuanto tiempo tuve ese pensamiento que me atormentaba, pero eso sí, ese día que mi mente logró cambiarlo por Jose es Jose, respire, sonreí y me sentí mucho más ligera, porque me di cuenta que sí podíamos volver a ser “normales”, que sí podíamos volver a pasarla juntos sin estar tenso el ambiente y que sí podíamos volver a estar bien… aunque nos llevara un poco de tiempo.
Un abrazo, Marisol
Deja un comentario